miércoles, 14 de noviembre de 2007

Mi Discurso de Cumpleaños

Recuerdo muy bien un día cuando llegamos al salón de clases mi maestra de segundo grado nos esperaba con una pila de libros sobre su escritorio. Después de los buenos días e instrucciones preliminares para la clase de Estudios Sociales, ella fue repartiendo los libros, estudiante por estudiante hasta que llego a mí, y me puso una copia en el pupitre. El titulo: Los Taínos, por el Dr. Ricardo Alegría. “Ricardo Alegría… ¡Que nombre más alegre!”, pensé yo. Abrí la portada y empecé a ojear las páginas y me encontré con las ilustraciones de los indios Taínos, “los primeros habitantes de Puerto Rico”.



Recuerdo que en las ilustraciones, los Taínos tenían cuerpos atléticos, jóvenes, casi desnudos, todos con pelo negro atado en un rabito, mientras las mujeres eran de caderas anchas, pelo largo lacio que le cubrían convenientemente los senos, --el libro es para niños de escuela elemental--vestían solo un pañito que se llamaba “nagua”, y note que siempre las mostraban arrodilladas, o sentadas. Lo que me pareció extraño. Los Taínos hombres estaban o jugando, pescando con figas, todos de pie (el único sentado era el Cacique) y el resto de las mujeres, eñangotas…



Eso me chocó, pues mi experiencia en el campo donde yo de pronto me imaginé que vivían los Taínos de antes, yo era de las que trepaba árboles de mango, me subía a buscar quenepas, jamaqueaba los árboles de aguacate para que se cayeran y zumbaba ramas o panas recogidas del piso para tumbar las que estaban en el palo, y corría vacas de cercado ha cercado. Además, que en el barrio La Gloria, de Trujillo Alto donde yo iba a visitar mi familia, eran montañas, era todo jalda, todo el piso tenia un ángulo y para moverse había que ir o cuesta arriba, o cuesta abajo. Yo, que venia de Río Piedras, acostumbrada a caminar en aceras llanas, a mí eso de caminar en montañas me dejaba exhausta. Yo vi a mi tía ir al pozo con una lata de Galletas Sultana en la cabeza a buscar agua para cocinar varias veces al día. Si, en esas jaldas de casi 45 grados de inclinación. En el campo, ni mi tía, ni mi prima, ni yo parábamos en todo el día de hacer cosas. ¡Y estoy hablando de duro trabajo físico! Eñangotás, arrodilladas, sentadas las mujeres?



Es cierto que la vida en el campo no necesariamente era la de los Taínos, pero lo cierto es que esas ilustraciones fueron mi primer encuentro con las “puertorriqueñas” originales. Siempre lo recuerdo. Con ese libro no solo tuve mis primeras impresiones, sino que también aprendí mis primeras palabras Tainas (Boriken, batey, bohío, coatí, guanín) y algunas de sus costumbres, como sus comidas que siempre decíamos como en un verso: yuca, casabe y maíz. Pero aquel libro, aun siendo yo pequeñita, me dejo un mal sabor.



Años más tarde --por cosas como dicen las canciones, “del destino"-- me encontré frente a frente con don Ricardo Alegría. El nombre que desde niña me había puesto a pensar y a imaginar nuestros antepasados corriendo desnudos sueltos por ahí, cuyas historias y antologías me encantaba leer en los libros publicados por el Departamento de Instrucción Pública. Entendí entonces que él fue fundador del Instituto de Cultura de P.R. y más tarde tuve la suerte de estudiar y trabajar en la biblioteca Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico que él también fundó.



Nunca le cuestione a Don Ricardo, (porque en ese tiempo yo no sabia como articular lo que era sexismo) el porque los historiadores presentaban a las mujeres en actitudes pasivas --como sentadas, o haciendo cosas “de mujeres”-- o cual era la razón por la que en nuestros textos históricos de Puerto Rico éramos casi invisibles. Porque en todos los días de fiesta estatales no hay un día para una mujer prócer, aunque siempre las puertorriqueñas han estado muy activas en la vida política de Puerto Rico. Porque siempre se menciona a Albizu, pero rara vez se habla de Carmen Valentín, quien fue tan nacionalista y estuvo tan presa como él por la misma causas. Y así otras muchas puertorriqueñas que han contribuido sus  logros a nuestra historia a pesar de las actitudes sexistas tan arraigadas en nuestro país, y no solo por parte de los hombres, sino también de las mujeres.



Acá en los Estados Unidos, vivimos en la barriga del imperio, y nosotras las mujeres no estamos eñangotas. Al contrario. Muchas al llegar aquí por razones complejas nos hemos podido liberar de algunos aspectos de sexismo agobiante de la Isla. Nos sostenemos y sostenemos nuestras familias en contra de viento y marea, con o sin maridos. Esa imagen de las puertorriqueñas pasivas la cuestiono. Si yo hubiese ilustrado el libro sobre las Tainas de forma diferente, en vez de eñangotas, sentadas o arrodilladas, probablemente las representaba dirigiendo las defensas contra los ataques de los Caribes, en la agricultura, haciendo artesanías, o mejor aún, en su función de Cacicas, como se sabe históricamente que las había en la Isla. ¿Pero, quienes son los que escriben estos libros?