miércoles, 14 de mayo de 2008

Puerto Rican no-Power in MA

Luego de vivir veinte años en los USA viendo elecciones presidenciales y locales ir y venir, es que estoy recientemente empezando a entender el sistema político lo suficiente como para pensar que tal vez mi voto individual si tiene algún poder. Mi voto por si solo tal vez no tiene tanto poder. Pero en esta área del oeste de Massachusetts, donde somos 90,000 puertorriqueños concentrados y somos el 95 % del voto “Latino”, si votáramos como “grupo minoritario” podríamos multiplicar el efecto de nuestros votos individuales. Esto es, si votáramos en bloque. Si tuviéramos un “Voto Puertorriqueño”. Porque así funcionan las democracias.

Para dar un pequeño ejemplo histórico: En Puerto Rico, en el 1980, el Partido Nuevo Progresista (PNP), el partido que favorece que Puerto Rico sea estado de los EEUU, ganó unas apretadísimas elecciones por solo 3,037 votos, en contra del Partido Popular Democrático (PPD) que promulga el Estado Libre Asociado, o lo que tenemos ahora. Recuerdo, que algunos analistas políticos de la Isla achacaban la victoria del PNP al “voto cubano”, es decir a la comunidad votante entre los 100,000 cubanos exiliados (en ese entonces) con ciudadanía norteamericana que llegaron a Puerto Rico durante los años 60 huyendo de la dictadura de Fidel Castro.

Estos primeros cubanos que llegaron a Puerto Rico no fueron los “Marielitos”, pobres y sin educación, sino los que allá conocíamos como “los Tuvo” (porque en Cuba tuvieron esto, y tuvieron lo otro…). Muchos de las familias de esta generación de exiliados cubanos estaban a favor de la estadidad para Puerto Rico. Le tenían fobia a la idea de que Puerto Rico se independizara de los Estados Unidos y cayera en manos de algún dictador barbudo con ideas rusas comunistas tal como había sucedido en su propio país, y en otras naciones latinoamericanas (no necesariamente con lo de la barba). En ese entonces, según nuestros analistas puertorriqueños, ese voto “extranjero” (o voto en bloque de los cubanos) permitió que el gobernador Romero Barceló del PNP se quedara 4 años más en el poder. Lo interesante fue que gran parte de esa comunidad eventualmente se mudó para Miami donde ahora tienen un alcalde cubano. ¿Me siguen?

Acá en los Estados Unidos algunas de las comunidades puertorriqueñas establecidas por más tiempo han llegado a entender como funciona el sistema de la democracia en los USA. Han aprendido a hacer alianzas políticas como grupo con otros grupos minoritarios como los afro-americanos, los nativos norteamericanos, los mexicanos, y otros latinos. Nuestros migrantes puertorriqueños, los pioneros migrantes “Latinos” en Nueva York, la capital del mundo, se organizaron políticamente contra viento y marea, y lograron colocar representantes políticos en posiciones elevadas y también abrirle puertas al resto de la comunidad latina. La comunidad puertorriqueña de Nueva York, para dar un ejemplo entre otras comunidades puertorriqueñas en los EEUU, tiene más de cuatro generaciones establecidas en la ciudad y han podido eligir dos puertorriqueños para el congreso, además de ocupar numerosas posiciones a nivel de ciudad, instituciones, uniones, etc. Tuvieron que luchar fuertemente para lograr tener esa identificación como grupo y luego el poder político. Nada les cayó del cielo.

Massachusetts es el tercer estado con concentración importante de puertorriqueños en la nación. Todavía es un punto de entrada importante de puertorriqueños quienes llegan directamente de la Isla. Pero no hemos logrado alcanzar un nivel de organización política con conciencia de grupo minoritario con necesidades especificas que nos permita actuar en conjunto para sacarle el mejor provecho a nuestros números, nuestro estado civil de ciudadanos americanos, para hacer alianzas políticas con otros grupos minoritarios, y poder ejercer la presión del voto sobre los mejores políticos, sean puertorriqueños, anglos, o afro americanos, para lograr avanzar nuestras metas de progreso y estabilidad para nuestra comunidad. ¿El por qué? Ni idea...

Porqué no voto acá

Yo viví en Puerto Rico hasta los 30 años y presencié procesos electorales desde el plebiscito sobre el estatus de Puerto Rico en los años 60 hasta el 1987 cuando me fui. Recuerdo todo el ambiente carnavalesco y las trullas de veinte carros con todos sonrientes sacando banderas por las ventanas y gritando slogans de acuerdo con el color de la bandera. A veces venían camiones cargando los músicos del vecindario, con congas, una trompeta desafinada, las mujeres vestidas con los colores de su partido, aplaudiendo al ritmo del corillo de campaña. Las bocinas de los autos de las caravanas se escuchaban desde lejos como cuando viene una tormenta. Llegaban, pasaban los 20 autos, y cuando pasaba el último y después del alboroto, mi calle se volvía extrañamente silenciosa. Claro, que también que recuerdo las acusaciones, los insultos, las peleas, todo lo negativo. Pero la nostalgia lo endulza todo.

Recuerdo el fervor y pasión que despertaba el tema de las elecciones en Puerto Rico. Uno de mis pavores durante la temporada de elecciones era encontrarme atrapada entre dos caravanas de partidos políticos opuestos en medio de un tapón. Los insultos, botellazos, pedradas, y hasta banderazos siempre eran una posibilidad. Había quienes tomaban con humor la locura de las elecciones y cargaban con las banderas de todos los partidos en contienda, para sacarlas por la ventana del automóvil dependiendo de la caravana en la que quedaban atrapados y así se protegían de todo mal. Vitoreaban a quien fuera y se unían al party y a la celebración. Nada, que las elecciones me parecían más unas fiestas patronales a nivel isla, una excusa más para alborotarse por algo. Para mí entendimiento, mientras se resolviera nuestra relación colonial con los EU, era lo mejor que podíamos hacer. No pensaba que podía afectar con mi voto, las políticas locales.

Acá en los Estados Unidos mis asociaciones culturales con respecto a las elecciones quedaron obsoletas. Nada de caravanas, nada de banderas en las casas, nada de políticos con personalidad. Acá la personalidad de un aspirante a líder político se minimaliza a tal grado que se interpreta su falta de expresión afectiva como rasgo de “racionalidad” y de ser una persona que se rige por principios, no por sus estados de animo (supuestamente). Mucha gente en los EEUU sospecharía de un político demasiado sonriente, o iracundo, que le guste las bebelatas, fiestero, alegre, demasiado serio y menos aun: gritón. Hillary perdió puntos cuando lloró en público durante uno de sus eventos políticos.

Yo confieso que todavía cargo algo de eso: me impresioné muchísimo cuando vi en la televisión a Bill Clinton tocar Jazz con su saxofón barítono. Lo interpreté como que el hombre tenía sensibilidad y que en algún lugar de su alma le dolería matar inocentes, abandonar a los pobres, (aunque no le dolió engañar a su mujer, nadie es perfecto).

En Latino América cada país tiene una tradición de gobernantes carismáticos en algún momento definieron nuestras historias como países. Considerando que para muchos de los inmigrantes votantes, que venimos del Tercer Mundo, que no tenemos mucho conocimiento del sistema político de los EU; solo contamos con nuestra intuición y evaluación de caracteres. Si en Puerto Rico y en Latino America la personalidad y carisma de nuestros líderes siempre ha sido un factor importante en los procesos históricos y políticos, acá en los Estados Unidos, aunque se niegue, también lo es. En comparación, los políticos acá parecen tan fríos, casi inhumanos.