viernes, 20 de abril de 2007

These are a few of my favorite things...

Around my house, I keep many objects my that friends gave to me as presents at different times in my life. It is a way I surround myself with their presence and include them in my life. Yet, as friends come and go, sometimes these objects last longer in my space than the friendships themselves. Perhaps as a way to holding on to them, as memories of good times, or as a yellow ribbon tied to a tree hoping the friend will return someday after a rupture. Sometimes, I keep them just as a memorial to a good dead friendship.

Every time I move, I place all the “Friendship Objects” in the same box. Usually, they are small almost invisible to visitors, but I see them everyday. I have become a little my own life curator in my apartment memorials collection. Each object carries stories, about places, characters, histories, and relationships with love. One day, a friend of mine, who is an oral historian, came to visit me and started to notice and ask me about the little objects that caught her eye. Each little thing would bring up a whole story of some kind, its origin, its meaning, about the person who gave it to me, when, all of sort of things. The objects were not just occupying space or decorating; they had a meaning for me.

After 30 minutes of stories coming out of objects, with places, people, stories and relationships, my friend told me: You should write all of this. Why don’t you write about all these things? That is what writers do. They write about anything.” Magically, she opened some window in my mind. She showed me a way, and I started to write…about anything and everything. She has an object in my collection, of course.

An example of the wonderful “Friendship Objects” in my collection:

A Stone Eye
Natives say stones are the memory keepers of everything they witness happening around them. They even have people who can retrieve the information and know what happened in certain places by connecting with the rock person or reading its marks. My friend E. gave me as present this naturally shaped by water stone eye she found in Ireland, which has become one of my favorite objects. Having a stone eye witnessing what happens inside my apartment every day makes me think of my future and my present. If I were to ask the stone, what did she see during the hours she was sitting on my window altar by my computer…? What would she say? Hum...

jueves, 19 de abril de 2007

The Ground Under My Feet

They say nothing is solid; that there is only space between energy particles that appear and disappear between parallel universes; and that only magnetic charges keep us from becoming a huge ball of undifferentiated something. Quite an idea! An image that makes me feeling like glass and wondering how come I have not disappeared yet.

Standing by the ancient potholes formations at Shellburne Falls, carved in lava and rock by sea currents when the area was under water millions of years ago, a year feels to me a short second. I find there is something deeply wise about deities made of stone. Generations come and go and there is still the Sphinx, the Parthenon, the Venus of Willendorf, the Mayan Gods and countless Goddesses of Fertility. There are ages old but have changed very little remaining enduring images of the Sacred and Timelessness.

Timeless Gods and Goddess of Stone. How old is the land under my feet? Sometimes the Informing and Formed seem to be at odds, yet they are inseparable. Isn’t the Earth Heart made of rock?



miércoles, 18 de abril de 2007

¿Y...?

Yo que orgullosamente había terminado de escribir mi ensayito al grupo de escritura sobre mi primera visita al desierto, cuando P., una elegante señora norteamericana de 82 años, me miró con sus ojos del mismo color azul pastel de su pulover -- lo que amplificaba aún mas lo directo de su mirada -- y me dijo: "Y yo que cuando pasé por El Paso en tren, vi eso que tu viste, pero no tuve la misma reacción. Tal parece que tu viste otra cosa."

Eso me hizo recordar lo de que la "belleza esta en los ojos del que mira". En mi caso, además de la historia de El Principito, tenía en mi cabeza imágenes de películas que vi en mi niñez en las que el desierto más bien era un lugar de muerte y muy peligroso. Usualmente eran películas de vaqueros que por alguna razón se pierden en el desierto y tienen que caminar como 12 millas al próximo fuerte de la caballería, sin caballos y una sola cantimplorita de agua para 5 personas. Siempre en un "territorio de indios". (Todo lo que es ahora Estados Unidos era territorio indio.) Recuerdo el peligro de muerte por las serpientes, escorpiones, y los zopilotes volándoles por encima esperando su próximo almuerzo. Y las mujeres con aquellos trajes ridiculísimos con sus sombrillitas cursi bajo el brutal sol y viento. El Paso siempre era muy mencionado en esas películas y siempre cuando llegaban allí, había mexicanos "peleones y malolientes" en los bares, y señoritas "faciles" para los apuestos vaqueros oji-azules "refrescarse" después del dificil viaje.

Todo eso lo ví en mi visita al El Paso. Vi los arbustos secos cruzando la carretera durante una tormenta de viento. En vez de vaqueros cowbows oji-azules, vi soldados de Fort Bliss, una base militar donde entrenan para la guerra en Iraq por las condiciones de desierto. Vi mexicanos por todas partes. Tal vez como hoy, los mexicanos de la época de los cowboys probablemente no olían mal y eran tan atentos y simpáticos como los que tuve el placer de interaccionar. Se puede pasar todo un día de tienda en tienda, de restaurant en restaurant hablando en español y te hacen sentir BIEN. Ví nativos. Y no nativos con cara de gringos y pelucas de pelo negro con maquillaje. (Esta gente de Hollywood tenía la mala costumbre de en vez de contratar como extras a indígenas reales para hacer las películas, contrataban un chorro de italianos y los pintaban de indígenas. Tal vez tenían una unión trabajadora muy fuerte estos extras.) Y ví muchos "mezclados". Esto es mexicanos mezclado con indígenas.

Yo apostaría cualquier cosa, que así mismo se verían la población de El Paso en los 1800s. El Paso, como mucha de las ciudades de los estados del sur, tiene muchos hilos de historias vivas fluyendo a la misma vez: los indígenas originales, la colonización de España, los USA, los mexicanos migrantes recientes, los indígenas que provienen de México. En diferentes tiempos, a por del El Paso "pasaban" diferentes corrientes: todos los que del oeste van hacia el este y viceversa --asiáticos, vs europeos que van a California; o la corriente de norte a sur --en una época, más esclavos afroamericanos escapando a México mientras ahora mexicanos y centroamericanos buscando entrar a los USA. Ahora la población de la base militar del Army mas grande en los USA con personas de todos los USA, aún desde Alemania. Tras de de este va y ven de gentes siempre queda el desierto, con sus tormentas e impredicibilidad.

Yo llegaba con bastantes referencias sobre el desierto cargadas con conflictos históricos viejos y recientes además de lo que había leído en El Principito. En El Paso esos conflictos continuan de alguna forma todos los días en la vida de varias generaciones después y en los recién llegados. Pensándolo bien, tal vez fue un regalo del desierto recibirme con ese atardecer antes de ver el resto. Fue como el desierto presentándose literalmente en su mejor luz, como diciéndome: "Y con todo lo que pasa y ha pasado aquí, he sido testigo silencioso y a veces no tan silencioso de todo." Pero también pienso que la historia de El Principito, con su tema de amistad, amor, y su visión de la belleza interior y mística del desierto, se impuso sobre toda la historias de guerras de conquista, explotación y muerte del desierto de El Paso. Ahora, admiro el libro aún más. ¿Cómo Exupery lo hizo? No sé.

sábado, 14 de abril de 2007

Los Colores del Desierto

Y he aquí mi encuentro
con un verdadero desierto.

Desde mi ventana comencé a ver el terreno bajo el aeroplano cambiar de colores al partir del aeropuerto de Dallas hacia el oeste, a la ciudad de El Paso. Distinguí dunas gigantescas de muchas millas de largo, y empecé a notar “ese color marrón” en todas partes. Mi primera reacción fue:
¡“Ah, no!” Esto no va a ser tan bello como lo imaginé”. En mis ojos tropicales todo parecía tan muerto y monótono. Comencé a prepararme para la desilusión, para despegarme de una ilusión de 38 años. ¡Oh, bueno! Esta bien, en mi vida he tenido peores desilusiones. Créanme.

Después de 8 horas de lo que llamaría en vez de "vuelo", algo así como "el acto de auto sofocarse y reducir el espacio personal con el propósito de suplementar con la inmovilidad e incomodidad el costo del precio de un boleto en la clase económica", llegué al aeropuerto de la ciudad del El Paso.


La puesta del sol había comenzado y noté el cielo inventanrse colores intensos empezando de una luz amarilla a naranja, a rosa magenta, hasta la lavanda más oscura. Se veía asombroso. A causa de las reflexiones de la luz en las sombras, todo tomó un tono purpurino, mientras las montañas en el horizonte, tomaron un tono color azul añil como si hubiese un océano profundo en el horizonte. Pensé que yo estaba en alguna clase de droga psicodélica.


Durante el día, sin embargo, los tres colores que dominan el paisaje son el cielo azul, el marrón de la tierra, y la aceituna verde de los arbustos. Pero la luz de puesta del sol transformó lentamente cambiando de tono en tono, casi imperceptiblemente en esta alucinación multicolor. Yo habia visto atardeceres espectaculares junto al oceano, pero no había visto nada así.

Lamentablemente, no tomé fotos de aquel atardecer, lo que quizás fue lo mejor. Así la puesta de sol permanecerá más verídica a lo que hubiese podido captar ninguna cámara. Una cosa es estar inmersa en ese mar de colorido, que tener un cuadrito frente a tí. Al menos encontré unas buenas fotos en el Internet, las más que me recordaron aquellos colores increíblemente intensos. Pensé que esto pasaba con cada puesta del sol, pero más tarde me enteré que depende de las condiciones meteorológicas.

No viviría en El Paso. Encuentro el ambiente demasiado árido y hostil con su falta de verde y las violentas tormentas de viento que a menudo paralizan la ciudad por horas y hasta por días enteros. No tengo idea como la gente puede soportar eso. Amo el océano y el verdor de las montañas. Al mismo tiempo, creo que comprendo por qué a muchas personas les gusta vivir allí. Tiene algo mágico la posibilidad de presenciar esos cambios vistosos, salvajes, imprevisibles, y tan contrastantes. Por algo decía El Principito que lo más que le gustaba era ver atardeceres, especialmente cuando estaba triste. Algo espiritual sobre ese momento de transformación espectacular antes de morir el día, justo antes de la oscuridad total. Tendra un mensaje implícito esa belleza de ocaso? Quién sabe.



Mi Fábula Favorita

Yo nunca había estado en un desierto. La idea de “un desierto” entró en mi cabeza cuando en cuarto grado leí por primera vez la fábula "El Principito", ilustrado por el propio autor Antoine De Saint Exupery. Recuerdo haberme sentido absorbida por las historias de corderos, zorros, boas, baobabs y los pequeños planetas con sus extraños y a veces desagra-
dables habi- tantes. Entre mis favoritos, el Borracho, con su pensamiento circular (“bebo para olvidar que bebo”); el Rey, para quien todos eran "sus súbditos", y por lo tanto sólo daba órdenes; el Erudito, que lo "sabía todo", pero en verdad nunca había dejado su escritorio; y el Vanidoso, el que sólo era capaz de escuchar aplausos. Extrañamente, en el cuarto grado, y todavía en mi niñez, había algo en estos personajes que me recordaban algunos adultos que yo conocía. Debo confesar hoy que demasiadas veces los personajes me recuerdan a mí.

Cuando leí El Principito, el desierto fue lo que más llamó la atención. Por haber crecido en una isla tropical donde plantas crecen en otras plantas y la vegetación literalmente se traga los caminos cuando no se transitan, un lugar que consiste meramente de montañas de arena, del viento que los mueve de aquí para allá, y donde una serpiente puede encontrar sombra sólo bajo una roca o arbusto seco me pareció muy enigmático. Algo así como un paisaje del espacio. Por esa razón coloqué "el desierto" en mi lista de “Cosas que quiero ver antes de morir”. La oportunidad se presentó este pasado noviembre cuando visité a mi Abuela en El Paso, Texas. Bien. No es el desierto del Sahara, pero es un desierto.


Es increíble la influencia que puede tener un libro en un lector. Esta fábula que me fascinó leerla cuando niña, todavía me fascina leerla una y otra vez. Me encanta como el autor consiguió hablar de cosas tan intangibles y profundas como el amor, la amistad, y la complejidad de las relaciones entre adultos usando imágenes y lenguage que hasta un niño puede entender y disfrutar. La verdad es que la historia tiene varios niveles. La verdadera profundidad del libro se percibe según las experiencias y sensibilidad del lector. Este libro es como una masa con imágenes metafóricas codificadas, que al ponerla en el horno de la mente del lector, o crece o se desinfla. Bellas imágenes, metáforas, símbolos de misterios como muerte, la amistad, el amor: la serpiente, el zorro, la rosa.

Hasta una buenisima imagen para la "codependencia" la incluyó también; aunque cuando escribió el libro el término no se había inventado. El habla de los baobabs, unos gigantescos árboles cuyas semillas al retoyar son fragiles, pequeñas, tal como las rosas. Pero si uno se descuida y no sabe distinguirlos a tiempo para eliminarlos, crecen y crecen hasta que sus raices penetran el planeta y terminan destruyéndolo. Hasta pone advertencias y todo para los niños: "Cuidado con los baobabs..."

¿De dónde se sacaría él esta idea?

Hermoso libro.

lunes, 2 de abril de 2007

Desde Adentro y Desde Afuera


Desde Adentro


Esa mañana, lo primero que vio fueron las manchas negras y anaranjadas del lomo de su gata dormida acurrucada en un rollito junto a su almohada. Le tomó varios segundos orientarse y darse cuenta que día era: lunes. Hoy venía el cheque del mes. Había pasado la última semana sin nada, estirando lo que tenía en la nevera, no saliendo para no gastar gasolina, privándose de cosas pequeñísimas que quería comprar, pero no le alcanzaba. No podría soportarlo otro mes. Decidió empezar un presupuesto, pero nunca llegaba a hacerlo.

Después del desayuno, al que le faltaban más de las mitad de los ingredientes usuales, bajó las escaleras ligeramente con una prisa optimísta. Al abrir la puerta le golpeó la cara el aire frío que hoy por ser el día del cheque, lo sintió fresco, libre. Sintió los alfilercitos fríos de una llovizna hincándole la cara en el parking donde estaba su auto cuando recordó que había dejado sus lentes oscuros. Paró en seco y después de un segundo, dió la vuelta y entró por la puerta principal para tomar el ascensor evitando lastimar su pierna. Dentro del ascensor maldecía su despiste. Se decía: “¿Porque no revisaré tener todo lo que me hace falta antes de salir?” Decidió hacer el hábito de revisarlo todo, pero no llegaba a hacerlo.


Desde Afuera

Los vecinos dicen que ella es excéntrica. Camina por los alrededores del edificio vestida con colores desarmo- nizados, a veces con un bastón, a veces con una cámara retratando ardillas, la grama y todo lo que ve, hasta las nubes. Después que se apareció un día con un auto, los vecinos la ven aún menos. Cuando sale por la puerta de las escaleras, usualmente camina hasta su auto, le da como tres veces a su control remoto, siempre activa la alarma por varios segundos, hasta que finalmente, abre la puerta y se sienta. Inmediatamente, se pone el cinturón, prende el radio, espera mirando hacia las ramas de los árboles y a su alrededor por uno o dos minutos hasta que el motor se calienta, arranca, y se desaparece por la esquina.

A veces cuando sale de su apartamento, la ven cuando se encamina a su auto y a mitad de camino, se detiene y regresa otra vez a su apartamento, pero por la puerta principal en vez de subir las escaleras. "Es como un hábito que tiene", dice una vecina. " "Le da con dar vueltas antes de salir; nadie sabe porque... " Y en un tono mas bajito, haciendo el gesto de "más o menos" con la mano: "Es excéntrica."

domingo, 1 de abril de 2007

Demonios Interiores y Exteriores

Virginia Woolf construía sus historias entrelazando con sumo detalle la complejidad de la vida interior de seres humanos en sus relaciones íntimas. Se llegaba a conocer los personajes de sus novelas no tanto a través de su conducta observada desde “afuera”, ni a través de sus diálogos, sino desde el punto de vista de lo que no era evidente al resto de los personajes, de lo que no decían, no hacían, de lo que NO expresaban. Es decir, desde el punto de vista de su mundo interior. La historia era escrita de adentro para afuera. Tal era su sensibilidad, su arte.

Me la imagino metiéndose con una cámara dentro de la cabeza de sus personajes, y desde cada uno de ellos construía un mundo virtual, primero dentro de su propia cabeza, para luego ir escribiendo entrelazando las historias de cada uno en una sola línea narrativa. Me imagino que introducía su análisis propio en el contexto de la historia haciendo que sus personajes asumieran los prejuicios y vivieran las situaciones que ella quería criticar. Ella yuxtaponía los personajes en un mundo de espejos de roles y expectativas sociales y así críticaba la “normalidad” de la sociedad victoriana --sus convenciones, roles, prácticas--contra los cual ella se rebelaba.

Virginia estudió bajo la tutela de su padre, y no fue forzada al currículo con los canones de la época. Tuvo la libertad para leer lo que quiso, aunque siempre resintió, entre muchas otras límitaciones de su época, que por ser mujer no se le permitiera estudiar en las mejores universidades de su época como sus hermanos varones, y la monogamia: amó varias mujeres, además de su esposo. Por su enfermedad maniaco-depresiva, o desorden bipolar, sufría de ataques de violencia, depresión y otros “síntomas” durante los cuales algunas veces atacaba a sus seres más queridos. Decían de ella que tenía “demonios interiores” que no la dejaban en paz. Su inestabilidad a veces la culpaban a su biología, al hecho de que nunca fue “medicada” y a veces a su trágica vida familiar.

En su edad madura, después de haber escrito varios libros, y armada con su análisis político-histórico feminista, visitó la Alemania Nazi antes de la guerra junto a su esposo Leonard Woolf, periodista muy respetado y judío. No puedo imaginarme que habrá percibido ella allá con su sensibilidad para imaginar mundos interiores, su análisis y crítica histórica feminista tan desarrollada y agudizada como escritora. Más tarde cuando regresó, hizo un pacto suicida con su esposo, quien por ser reportero judío se podía esperar que ambos estuvieran en alguna lista negra en el caso de que Inglaterra fuera invadida por los Nazis.

Una vez de vuelta, vivió en Londres durante el tiempo de los bombardeos. Fue entonces cuando sus “síntomas” se agudizaron aún más hasta que un día se fue a un río y se suicidó. Para una persona que había estado luchando con sus “demonios” interiores toda su vida, escuchando voces, alucinando quien sabe sobre que, y su sensibilidad artística e histórica me pregunto como se sentiría al entrar en contacto con la realidad del contexto de sus días: la ideología Nazi, la guerra, los bombardeos en Londres con su destrucción y pérdida de vidas diarias, con esa tendencia propagandística de los políticos de “normalizarlo” todo, especialmente los horrores y las injusticias: “Es normal lo de los bombardeos porque estamos en guerra…” “Los ejércitos son normales porque…” “La guerra es normal porque…” “Es normal que las mujeres se queden en la casa a criar sus niños y no estudiar porque…” "Es normal amar sólo a hombres porque..." “Siempre habrán pobres porque…” "Es normal que los hombres sepan que es lo mejor para las mujeres porque..."

¿Qué la llevo a ir al río? Me pregunto que imágenes le fueron mas aterrorizantes dada su sensibilidad y claridad sobre la locura burocratizada, socializada, normalizada en el mundo "civilizado": ¿Cuáles les serían más horríficos: los demonios interiores, o los exteriores?

Si ella viviera hoy, me pregunto que pensaría sobre los USA, las guerras que lleva en diferentes partes del mundo, la explotación y daño a la Tierra, y la situación opresiva para las mujeres a nivel mundial.

Tal vez, se volvería al río…