Desde mi ventana comencé a ver el terreno bajo el aeroplano cambiar de colores al partir del aeropuerto de Dallas hacia el oeste, a la ciudad de El Paso. Distinguí dunas gigantescas de muchas millas de largo, y empecé a notar “ese color marrón” en todas partes. Mi primera reacción fue: ¡“Ah, no!” Esto no va a ser tan bello como lo imaginé”. En mis ojos tropicales todo parecía tan muerto y monótono. Comencé a prepararme para la desilusión, para despegarme de una ilusión de 38 años. ¡Oh, bueno! Esta bien, en mi vida he tenido peores desilusiones. Créanme.
Después de 8 horas de lo que llamaría en vez de "vuelo", algo así como "el acto de auto sofocarse y reducir el espacio personal con el propósito de suplementar con la inmovilidad e incomodidad el costo del precio de un boleto en la clase económica", llegué al aeropuerto de la ciudad del El Paso.
La puesta del sol había comenzado y noté el cielo inventanrse colores intensos empezando de una luz amarilla a naranja, a rosa magenta, hasta la lavanda más oscura. Se veía asombroso.
A causa de las reflexiones de la luz en las sombras, todo tomó un tono purpurino, mientras las montañas en el horizonte, tomaron un tono color azul añil como si hubiese un océano profundo en el horizonte. Pensé que yo estaba en alguna clase de droga psicodélica.
Durante el día, sin embargo, los tres colores que dominan el paisaje son el cielo azul, el marrón de la tierra, y la aceituna verde de los arbustos. Pero la luz de puesta del sol transformó lentamente cambiando de tono en tono, casi imperceptiblemente en esta alucinación multicolor. Yo habia visto atardeceres espectaculares junto al oceano, pero no había visto nada así.
Lamentablemente, no tomé fotos de aquel atardecer, lo que quizás fue lo mejor. Así la puesta de sol permanecerá más verídica a lo que hubiese podido captar ninguna cámara. Una cosa es estar inmersa en ese mar de colorido, que tener un cuadrito frente a tí. Al menos encontré unas buenas fotos en el Internet, las más que me recordaron aquellos colores increíblemente intensos. Pensé que esto pasaba con cada puesta del sol, pero más tarde me enteré que depende de las condiciones meteorológicas.
No viviría en El Paso. Encuentro el ambiente demasiado árido y hostil con su falta de verde y las violentas tormentas de viento que a menudo paralizan la ciudad por horas y hasta por días enteros. No tengo idea como la gente puede soportar eso. Amo el océano y el verdor de las montañas. Al mismo tiempo, creo que comprendo por qué a muchas personas les gusta vivir allí. Tiene algo mágico la posibilidad de presenciar esos cambios vistosos, salvajes, imprevisibles, y tan contrastantes. Por algo decía El Principito que lo más que le gustaba era ver atardeceres, especialmente cuando estaba triste. Algo espiritual sobre ese momento de transformación espectacular antes de morir el día, justo antes de la oscuridad total. Tendra un mensaje implícito esa belleza de ocaso? Quién sabe.


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