Desde que botaron a Adán y Eva del Edén, existe la nostalgia. O ¿no creen que después de recoger sus bártulos e irse a otro lugar nunca más se recordaron del lugar donde fueron tan felices alguna vez? ¿Qué no le contaron a sus hijos, y ellos a su vez a los suyos, las historias acerca del lugar de donde ellos vinieron antes de caer en el infierno de segunda clase --o tercera, o cuarta, depende cual país donde estén ahora—para escapar de su realidad impuesta: las hijas de Eva pariendo con dolor, todas las enfermedades, y malestares todos heredados por hacerle caso a una serpiente, etc., etc.?
Disneylandia, la versión moderna del Paraíso Moderno (para los que pueden pagar la entrada) es una de las empresas que mas dinero mueve en el mundo. ¿Y que busca la gente allá? ¿Llevar a sus niños? ¡Nooooooo! Volver a su propia niñez, al lugar de donde vinieron, donde tienen la memoria de que fueron felices, tomados de una mano protectora, por lugares maravillosos, fantásticos, vistos por primera vez, que no se parecían a nada-- porque en
realidad cuando niños no habíamos visto mucho. Cualquier cosa, un río, una playa, una montaña, una piscina era lo más grande del mundo. Ahora los que tienen dinero suficiente pueden costearse repetirse esa experiencia de novedad cuando quieren. Van a cualquier Disneylandia en cualquier país donde haya uno. Posiblemente ya haya planes de tener un Disneyland en cada país. ¡Imagínense!
El tema de Disneylandia me provoca ansiedad y retortijones en diferentes partes del cuerpo. En parte, tal vez, porque he aprendido un poco sobre como se pueden
esconder agendas políticas imperialistas y sexistas detrás de historias sobre animalitos inofensivos y lobos feroces, (¿quién es quién?). Sin mencionar las imágenes para mi tan deprimentes con las que suelen representar las mujeres.
En fín, debo confesar que yo visité Disney World en Florida. Fui una de las que sucumbió a las fuerzas del todopoderoso mercadeo de Disney, Inc. Sí, allá fui a parar y dejé un par de cientos de dólares. La verdad es que lo más que recuerdo del viaje fue lo plano que me pareció el estado de Florida. No ví ni una montaña.
Sobreviviendo casi 20 años en Nueva Inglaterra a veces pasan cosas que requieren que yo me busque con urgencia un paraíso que me pueda recordar de donde vine para recobrar mi sanidad. Un sitio donde me reconozco, la pase bien, y ví cosas que nunca había visto y que me recuerde de donde vine. Algo así como la historia de Adán y Eva. Originalmente soy de Puerto Rico, pero ir allá, aún en la imaginación, me es demasiado triste: hacen años que no viajo para allá. El lugar mas reciente que he visitado fue Córdoba, Argentina, un lugar nunca antes visto por mí. Hoy me dieron ganas de darme una vueltita por mis memorias y rebuscar fotos cosa de salirme de aquí mentalmente, aunque sea por un ratito. Me voy a Córdoba, siete meses después. Porque dicen que las memorias muchas veces son construidas desde el futuro, o mas bien desde el presente mirando hacia atrás. Así el pasado, como los cuentos de Disney, se resucita, se recrea, se distorciona, y toma nuevas formas. A ver que forma Córdoba toma hoy en mi memoria.
Quédense sintonizados, que si no hoy, mañana.
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