miércoles, 28 de marzo de 2007

En el Tiempo de Las Libélulas

En aquel tiempo yo no tenía cámara pero si un carro. Llevé a N. al Festival del Sol en New Haven, el cual comenzaba con una lectura de sus poemas a las 12:00 pm en punto. N. empezó la lectura de sus tres poemas escogidos especialmente para la ocasión muy profesionalmente exactamente a la hora anunciada. La audiencia eran sólo dos personas: el anunciador y yo. Cada poema fue calurosamente aplaudido, vitoreado, públicamente muy agradecido por el anunciador, y así terminó su participación en el evento.

Estábamos en un Festival para niños en las afueras de la ciudad y en todas las esquinas había alguna actividad veraniega para los chiquitos de la ciudad vinieran a interaccionar con la naturaleza: pesca, canoas, comidas ligeras, fogatas, el calor y el sol. Mi amiga las trató todas.Todo lo absorbía, todo le era una inspiración. Nunca se sabía de donde sacaría una línea de lo que fuera por mas insignificante que pareciera.

Cuando N. notó que empezó a llenarse de gente el festival, me haló inmediatamente a la fila para darnos un paseo en las canoas. Había un estanque pequeño pero suficientemente grande para que dos canoitas pudieran ir en círculos. Una recogía personas en una esquina mientras la otra daba vueltas en círculos en el centro del estanque. Élla fue primero mientras yo esperaba mi turno. Desde la orilla, la vi salir sentada, inclinada totalmente hacia al frente adelantandose a la canoa.


Junto a la canoa empecé a notar volando a su alrededor como cuatro libélulas, escribiendo garabatos en el aire. Se veían como cucubanos metálicos diurnos flotando por el aire. N. los miraba y seguía con la vista su vuelo completamente errático. Era comiquísimo verla desde lejos moviendo la cabeza tratando de seguir el vuelo de las libélulas a su alrededor. A veces se concentraba en el agua, la tocaba con sus dedos y sonreía con los reflejos del sol sobre el agua dándole en la cara. Estaba tan inmersa en el paseo que desde lejos se le veía en la cara lo bien que la estaba pasando.

Mientras tanto, yo acá preguntándome: ¿pero de dónde sale tanta libélulas? Habían docenas en el estanque sobrevolando a todos esperando en la orilla. Yo creo que la seguían a ella. En eso, las risas de los niños, la gente conversando, la brisa, el sol del día, el verde de la vegetación, la sensación de humedad, el olor a hierba y mi amiga sonriéndose en su canoa, en un instante…¡click! se fundieron en mi mente. Ahora veo libélulas e instantáneamente me viene a la mente esa imagen como si la hubiese tomado con una cámara dentro de mi cabeza.

Hoy ví un insectito que se coló en mi apartamento y me recordé de las libélulas y mi amiga N.

Por cierto...¿Cuánto falta para el verano? Ayyy!!! Dos meses más...

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