sábado, 24 de marzo de 2007

Lugares Nunca Antes Vistos

El que a falta de una memoria reciente de Puerto Rico pueda darme el lujo de poder regresar con el pensamiento a Córdoba, Argentina, se lo debo a la nación entonces imperio que colonizó gran parte de las Américas: España. De la misma forma que en cualquier país que haya un Disneyland se encontrarán los mismos “temas”-- por tener ellos los derechos de autor sobre los personajes, tema, música y componentes de su "mundo de fantasía” -- en los países que España haya colonizado se encontrarán muchos de los mismos “temas" casi por las mismas razones. Aunque conocía algo de la historia de la colonización de Puerto Rico y de América, en mí tuvo un gran impacto que aún con la distancia geográfica entre Argentina y Puerto Rico, me encontrara un lugar que me recordara tanto a mi propio país.

Es verdad que la Córdoba mediterránea, a miles de millas del océano, no es como la isla pequeña del Caribe con playas por donde quiera que se mire.También hay diferencias entre su clima templado con sus cambios de estaciones y temperaturas, y el clima eternamente caliente del trópico. Pero aparte de eso, mucho de lo que vino de España perdura, y a eso me voy a escapar. Porque en la parte de los USA en que vivo, lo que veo por todas partes son residuos del pasado puritano de Inglaterra, árido, recio, reprimido, y honestamente, nada estimulante, al menos no hoy. Por lo que me refugio en la nostalgia.

Los primeros días en Córdoba, recuerdo que me llamaron mucho la atención los edificios modernos porque los encontraba diferentes a los de Puerto Rico. Pero según pasaron los días comencé a notar detalles que me recordaban mucho al Viejo San Juan. Ahí fue que me empecé a disfrutarme más la ciudad. Me fascinaba encontrar esquinitas, detalles, cositas que reconocía como resabios del pasado común con España.

En mis caminatas por el centro de Córdoba, iba tomando fotos de cosas que reconocía. La Plaza, la Catedral, el Ayuntamiento, los banquitos donde la gente se sienta a conversar y ver a los otros pasar, las palomas, los niños, los vendedores, los músicos callejeros.


Me encantaba ver y escuchar los músicos y sobretodo ver los grupos de personas amontonándose, quedándose un buen rato para escucharles, y aplaudir después de la canción. Recuerdo especialmente y con lágrimas en los ojos, el día que me atreví a preguntarle a un vendedor de cigarrillos en la calle, donde quedaba cierta calle, y el con la sonrisa más amable que había visto en años, me explicó detalladamente donde quedaba la calle. Yo por poco me desmayo. Acá donde yo vivo, la sonrisa entre extraños puede considerarse una amenaza, síntoma de desbalance psicológico, y/o peligro inmediato. No exagero. Esa sonrisa me hizo recuperar la memoria de que en mi país también sonreímos por todo y a todos, y a eso se le llama ser simpático. Entonces, pude serenarme y sentirme humana otra vez, otra vez en El Edén, pero en Córdoba, a miles de millas de Puerto Rico.

La vista de la Plaza fue otra de mis favoritas. Me gustaba pasar por ahí. Siempre estaba llena de gente yendo hacia otra parte, grupitos de niños, y mil cosas pasando al mismo tiempo. Me recuerda las plazas de los pueblos en PR., cuando estudiaba en Mayagüez y estábamos aburridas, a alguien siempre se le ocurría decir: “Vamos a dar una vuelta por la Plaza, a ver que se ve”. Claro que de noche íbamos siempre en carro, porque a pie, ni locas. Pero esa es otra historia.

Estas cosas que se supone que eran “no vistas antes” por mí por haberlas visto en Córdoba a la misma vez eran tan familiares. Era la paradoja que me hacía reír y sentir algo como alucinación por lo lejos y a la vez lo cerca que me sentía de donde yo era "originalmente”, de mi jardín del Edén: Puerto Rico. Con cada de esas experiencias, la línea de "cerca y lejos" se borraba y se convertía en otra dimensión que no era de espacio, sino de historia. No era el territorio geográfico lo que conectaba la nación argentina con la nación puertorriqueña--y probablemente las otras naciones de Latino América. Lo que fuera, yo lo sentía como un fantasma flotando sobre todos nosotros, riéndose de la mala broma que nos habían hecho: el fantasma del Imperio Español.

Ese fantasma me lo encontré cuando detrás de la Catedral San Martín me topé con la estatua del fundador de la ciudad de Córdoba, Jerónimo Luis de Cabrera, colocada en una plazoleta detrás de la catedral. Tiene un arreglo parecido a una que tenemos en Puerto Rico: al lado de la Iglesia de Santo Tomás, una de las primeras iglesias católicas construídas en América, está la estatua del primer colonizador de Puerto Rico, Juan Ponce de León. Y hablando de fundadores, si les queda alguna duda sobre Disneylandia y sus imperialismos escondidos, aquí les dejo estas fotos.


LOS FUNDADORES:






Juan Ponce de León

Iglesia de Santo Tomás

San Juan, Puerto Rico











Jerónimo Luis de Cabrera

Catedral de la Ciudad de Córdoba, Argentina




Walt Disney en Disney World, Florida, USA

¿Álguien me puede explicar
lo de apuntar hacia al frente?

¿Que hace con un ratón gigante con sombrero de mago?

¿A quien esta dedicada la "iglesia" detrás de ellos?

¿Catedral de Nuestra Señora de Los Siete Enanos?


Seguiremos informando.

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